Cáritas Córdoba, 30 de junio de 2026.- El Programa de Personas Sin Hogar de Cáritas Diocesana de Córdoba ha celebrado su tradicional fiesta de fin de curso, un encuentro pensado para agradecer la dedicación y el compromiso de las personas voluntarias que, a lo largo de todo el año, acompañan a quienes atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad y exclusión residencial.
El inicio del verano marca también el cierre de un curso lleno de servicio, cercanía y esperanza. Durante la celebración se puso en valor la labor del voluntariado, cuya presencia constante, escucha, comprensión y cariño hacen posible que muchas personas recuperen la confianza, los vínculos y la esperanza de construir un nuevo proyecto de vida.
La velada estuvo marcada por momentos de gran emoción. Los residentes de la Casa de Acogida Madre del Redentor representaron la obra teatral «La Bruja risitas», un proyecto que han preparado durante meses con dedicación, realizando además el vestuario y el decorado. La actuación culminó con todos los asistentes cantando e interactuando al ritmo de la canción «Yo quiero tener un millón de amigos», reflejando el ambiente de fraternidad que caracteriza a este programa.
Como muestra de agradecimiento, el equipo hizo entrega al voluntariado del corazón de Cáritas, un sencillo detalle cargado de simbolismo que representa el papel esencial que desempeñan como corazón solidario de la Iglesia Diocesana de Córdoba.
La música puso el broche final a la celebración gracias a la interpretación al piano de la voluntaria Marta de Luna y a la guitarra y voz del cantautor Pedro Reñé, a quienes se unió también uno de los residentes del centro, creando un ambiente de convivencia y alegría compartida.
Desde Cáritas Diocesana de Córdoba queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a todas las personas que hacen posible esta labor: al voluntariado por su entrega generosa, al equipo técnico por su compromiso diario y a los residentes por recordarnos que siempre es posible construir comunidad desde el encuentro, el respeto y la esperanza.
Porque seguimos eligiendo amar. Porque seguimos eligiendo comunidad.
¡Feliz verano!