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ReciclaDos

«La empresa social SolemCcor, dependiente de Cáritas, cumple estos días 25 años dedicada a un doble reciclaje: el de residuos urbanos y el de trabajadores a los que el paro dejó al borde de la exclusión»

Fuente del artículo: FÉLIX RUIZ CARGADOR (El Día de Córdoba)

http://www.eldiadecordoba.es/cordoba/ReciclaDos_0_1177082437.html

 

Rafael Castaño, cordobés de 38 años, escalaba hace no mucho altas cimas y triunfaba en un deporte que le apasiona. Ciclista durante 16 años, su vida avanzaba estable hasta que un grave accidente mientras corría lo apartó del deporte profesional. Rafael se hizo entonces mecánico de un equipo ciclista, se mantuvo en su entorno, pero sin saber que las cimas más amargas no se llamaban ni Mortirolo ni Covadonga y además estaban por escalar. Llegó la crisis económica, perdió su trabajo, conoció los infiernos del desempleo. «Toqué fondo», explica, e incluso tuvo que acudir a comedores sociales para retirar alimentos y poder sacar adelante a su familia. «Fue jodido», reconoce, pero lo hace con una sonrisa.

Ahora a Rafael se le ve esperanzado porque su suerte cambió cuando la empresa de inserción social SolemCcor, dedicada a la recogida de residuos urbanos para su posterior reciclaje, le dio una oportunidad tras pasar dos años en las colas del paro, tocando a puertas cerradas como nichos. Rafael, un tipo fibroso y extrovertido que aún sale los domingos con su bici, conduce ahora un camión y se dedica a retirar papel y cartón de los polígonos de la ciudad. Aunque sabe que su contrato es temporal, como la mayoría en este tipo de empresas de inserción, afirma que esta oportunidad le ha cambiado la vida. Le ha devuelto la autoestima. «Las cosas están mejorando», concluye sonriente, enfundado en un impoluto mono de trabajo reflectante.

 

El testimonio de Rafael no es muy distinto, pese a sus particularidades, al de los cientos de personas que a lo largo de los años han pasado por SolemCcor. La firma, pionera en su día y cuyo único socio es Cáritas Diocesana, nació con su actual forma jurídica en el año 2007, al amparo de la ley de empresas de inserción social que entonces entraba en vigor y justo cuando la crisis económica comenzaba a lanzar sus primeras dentelladas. Su antecedente era la labor que Cáritas hacia de recogida de papel y cartón desde septiembre de 1992, hace justo estos días 25 años. Aunque poco tiene que ver lo de ahora con lo de entonces, como explica su gerente, José Repiso. Y es que la compañía, que carece de fines lucrativos y cuyos beneficios se destinan a la reinversión, no ha parado de crecer en la última década. Actualmente no sólo recicla papel y cartón, sino que dispone de varias secciones más.

Acometen por ejemplo la recogida gratuita de aceites vegetales usados en bares y restaurantes, que luego gestiona la empresa Ecoil, con sede en Fuente Obejuna, y también reciben y tipifican ropa de segunda mano, que en algunos casos redistribuyen en la propia Córdoba y en otros casos envían a los centros de procesado textil que Cáritas tiene en Valencia y Bilbao. Otra de sus secciones se dedica a la destrucción de documentos confidenciales y una más a la confección de ropa, mientras que su último hito ha sido abrir un restaurante llamado Tabgha en pleno centro de Córdoba capital, junto a Ronda de los Tejares y en el que, tras un periodo formativo, trabajan personas que antes se encontraban en riesgo de exclusión. La palabra central que define la acción de SolemCcor es pues el reciclaje y la economía circular, pero un reciclaje doble, más complejo. Se trata no sólo de reciclar residuos urbanos sino de reciclar personas en el aspecto laboral, trabajadores a los que se les ayuda a salir del bache y se les refuerza la formación, las competencias y la autoestima.

José Repiso, el gerente de la compañía, explica que «el 90% de los empleados son temporales», pues el objeto de estas empresas sociales es justamente ése: servir de lanzadera laboral. Pero también es SolemCcor una compañía eficiente y con dimensión, algo que certifican sus balances anuales. En 2016, por ejemplo, gestionaron 6,2 millones de kilos de papel y cartón y 320.000 kilos de ropa. Para realizar esta labor trabajan mano a mano con la empresa municipal de saneamientos de Córdoba (Sadeco) y tienen además convenios con administraciones como la Junta de Andalucía -ellos se encargan de destruir los documentos no archivables de los juzgados- o con empresas como el grupo Cabezas Romero, propietario de restaurantes clásicos de la gastronomía cordobesa como Casa Rubio, en la Puerta del Almodóvar, o Pepe de la Judería, cerca de la Mezquita.

Tales números y tales alianzas demuestran la labor medioambiental de este proyecto de Cáritas, aunque lo más emocionante no está ahí, en las cifras, siempre prosaicas, sino en los testimonios. En las palabras, por ejemplo, de Cayetano Godoy, un hombre de 57 años con nombre de torero rondeño y perfil de galán cinematográfico. Alto, delgado y preciso con la palabra es Cayetano, por lo que no se hace raro imaginárselo de comercial de joyería, oficio en el que se empleó durante años. Este sector, esencial desde antiguo en la economía cordobesa, pasó sin embargo por turbulencias y Cayetano se vio en la calle. Trabajó aquí y allá, pero nada fijo. Así durante dos años y metido ya en la cincuentena, esa edad prohibida en la que encontrar trabajo se convierte en quimera. «Las puertas se cierran e incluso algunas amistades se esfuman», recuerda de ese tiempo oscuro Godoy. SolemCcor apareció sin embargo en su auxilio y ahora, desde hace ocho meses, ejerce como encargado del sector de reciclaje textil. «El ambiente es cordial y muy humano», dice un Cayetano que al futuro, a lo que venga después de esta experiencia laboral, sólo le pide un trabajo digno «con el que pueda llevar el pan a mi casa».

De otros sectores tradicionales en Córdoba, como lo son la hostelería y la construcción, proceden otros operarios de SolemCcor, como Inmaculada Molina o Francisco Luque. Ella tiene 40 años, y aunque antes trabajó en bares y restaurantes, ahora conduce vehículo de recogida de papel y cartón con el que transita a diario, desde hace nueve meses, por el Centro de la ciudad o por la barriada de Villarrubia. «Esto me ha servido para soltarme con el camión y también como estímulo en tiempos difíciles», explica Inma. Francisco tiene por su parte 53 años, buena parte de los cuales los pasó trabajando en una empresa constructora. Vivió los años del boom del sector, cuando todo eran alegrías, pero cuenta que «de repente todo saltó por los aires». Se mantuvo en chapuzas, en esto y en lo otro, pero la estabilidad, aunque sea relativa, le ha llegado en SolemCcor, donde aprendió a conducir un camión y donde ha podido disfrutar ya de un par de contratos. «Aquí se trabaja bien, a gusto», explica. Tanto Francisco como Inma acaban sus jornadas en la nave que la empresa gaditana Recicab tiene en Las Quemadas, lugar donde cada día vuelcan para su reciclaje el cartón y el papel que los camiones de la flota de la compañía recogen en decenas de empresas cordobesas.

Al salir de la sede de SolemCcor, después de escuchar de viva voz estos testimonios y de conocer la labor social y medioambiental del proyecto, viene a la memoria aquella frase de John Fitzgerald Kennedy, el JFK de la mitología y las películas, en la que decía que «la suprema realidad de nuestro tiempo es la vulnerabilidad de nuestro planeta», pero cambiada aquí en el sentido de que la otra máxima realidad de nuestro tiempo, y quizá de todos, es la propia vulnerabilidad humana, la que sufre cada uno frente a los ventarrones helados con los que la vida y la intrahistoria nos cimbrean. Contra ambas fragilidades lucha SolemCcor, una empresa dedicada al reciclaje de cosas pero también al reciclaje de hombres, porque en lo circular de la economía del tiempo actual no entra sólo una botella de refresco, la caja del juguete navideño de los niños o el viejo abrigo que dio calor en el frío invierno de hace unos años. En lo circular de la economía también estamos nosotros: humanos del siglo XXI. Personas como Rafael, como Cayetano, como Inma o como Francisco a los que la propia sociedad del trabajo también parece a veces que quisiese desechar. Humanos reciclantes y al tiempo reciclados que sólo sueñan con un trabajo digno, con un futuro mejor, y que además lo luchan a diario y lo merecen.

 

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